Para decidir que empapelado es el mejor para cada ambiente, deben tenerse en cuenta las características del lugar, tales como la iluminación, la orientación, las dimensiones y el destino.
De acuerdo a su orientación, los ambientes tienen mayor o menor grado de iluminación. Es preferible que una sala de estar se encuentre orientada al oeste y/o al norte, mientras que es mejor ubicar un dormitorio al este, ya que necesita pocas horas de sol. Un lugar de estudio o de trabajos en un escritorio necesita luz y nada de sol, por lo cual la orientación ideal es el sur. Elegido el destino de los ambientes, se utilizará el revestimiento que permita resaltar sus beneficios y disimular sus defectos, lo cual se logra con una buena elección de los colores y diseños.
Las tonalidades amarillas crean efecto de luminosidad, y por lo tanto son recomendables en ambientes de escasa o nula luz natural, para darles una apariencia soleada. El blanco es un color ideal para grandes superficies, pero se torna molesto en lugares con mucha luz, ya que tiene un gran poder de reflexión.
El color gris atenúa el reflejo de los rayos solares, por lo que es aconsejable en ambientes calurosos y muy luminosos. Los azules son “refrescantes”, y por su asociación con el mar y el cielo producen un efecto de espaciosidad. Una habitación con las paredes en azul claro parece más alta. Los tonos verdes descansan la vista y por eso son aconsejables en las zonas de lectura, escritorios y salas de estar.
En cambio, los tonos cálidos (ocres, anaranjados) son apropiados para las ambientaciones tradicionales. Una regla de oro: en todos los departamentos y casas muy pequeñas hay que elegir el mismo color o revestimiento para todas las habitaciones, de modo que sus ambientes se prolonguen en otros y obtener de ese modo una sensación de amplitud. También es conveniente que el piso sea igual en los distintos ambientes. El parquet aporta una tonalidad neutra para toda la casa, excepto baños y cocina.







